viernes, 28 de noviembre de 2014

Contra la querella o hacia un mundo olvidado de sí

De todas las malas herencias que vamos recibiendo del modelo social capitalista-bienestar de los USA, la del abuso del litigio acaso sea la que más rabia me produce. Entiendo que una mente que ya no debe preocuparse para sobrevivir tienda a preocuparse en no preocuparse y se caiga fácilmente en las neuras cada vez más extendidas, entiendo también que el sueño americano nos haya hecho caer en el stress, en la competitividad y también en el miedo y la depresión. O que haya incentivado eso que en otras culturas y sociedades ya estaba allí. Entiendo que compremos miles de productos inútiles esquilmando el planeta sin sentido o que incluso usemos el acto de comprar como una forma para evadirnos. Todo eso aún siendo muy preocupante me parece con todo más aceptable que una tendencia que viene multiplicándose en los últimos veinte años y que no es otra que el amor a la denuncia.
Pareciera que nuestra única forma de sortear la frustración y la impotencia fuera con el recurso de la querella. Desgraciadamente estoy sufriendo en mis carnes un proceso judicial interminable por cometer un desliz burocrático. Y ciertamente, me parece una tortura. El propio lenguaje jurídico me pareciera tener algo de perverso, los matices y las interpretaciones algo propio del mundo de los trileros y los timadores o cuando menos de los charlatanes, y es por todo esto que me resulta más sorprendente aún que todavía haya gente que tenga ganas de meterse a uno de estos procesos (de los que me pareciera deberían rehuir como del quirófano, salvo que no quedara otro remedio).
Y sin embargo, cada vez son más los emprendedores que se embarcan en procesos de todo tipo, contra todo tipo de personas: sus exparejas, pero también sus vecinos, sus médicos, su profesores, sus centros de trabajos, sus colegas, sus hermanos, y todo lo que se les ponga por delante, y lo que es peor, por unos motivos cada vez más nimios. Antiguamente las cosas se solucionaban a palos, podrá decírseme, sí, es cierto que en ocasiones era así, pero también que muchas veces se solucionaban dialogando y con sentido común, o en el mejor de los casos, entendiendo las debilidades del otro, perdonándolas si realmente no nos causaban un perjuicio significativo. Entendimiento que hacían a la persona virtuosa, cosa que hoy parece no ser muy apetecible.
Todo este asunto me ha venido porque a la famosa Teresa Romero la ha demandado su doctora por no avisarle de que pudiera tener el ébola, y también porque esta mañana leo que a una famosa su exmarido le acusa de no se qué, por algo que publicó en twitter. Pero esto es sólo algo de actualidad, la punta del iceberg de un fenómeno que forma ya parte de nuestra cultura, como profesor veo que en la comunidad educativa hay cada vez más miedo a la denuncia, y en parte con razón, porque se multiplican las querellas, las gilipollescas querellas claro.Y no sólo es que estemos creando un mundo más estúpido y burocrático que necesita explicitar todos sus movimientos y llenarlo y emborronarlo todo con letra pequeña (que también, porque estamos llenando nuestro mundo de ese lenguaje jurídico del que hablaba antes) sino que nos estamos olvidando que buena parte de nuestros problemas se pueden solucionar con algo tan inmediato y humano como la compasión. Entiendo que alguien pueda hacer algo mál y que eso supusiera un fastidio para mí, pero antes de pedir la cárcel para esa persona, antes de tratar de hacer el mal al otro (porque eso es de lo que se trata cuando uno pone una querella personal contra una persona, y no hay razón ni mentira que pueda ocultar eso) quizá baste con ponernos levemente en su lugar, o pensar en otra situación en la que quizá nos hayamos comportado de una forma parecida. Hace poco leí esta frase : "Cuando encuentro un punto en común con el enemigo, ahí se termina la guerra", y todos estamos en contra de la guerra ¿verdad? a todos nos repugna hacer daño a los demás ¿verdad? Pues no estaría de más recordarlo cada vez que optamos por la querella facilona, por el odio gratuito. No sólo viviremos en un mundo más sensato sino también, lo que es más importante, más compasivo, más humano en el sentido positivo del adjetivo.

domingo, 12 de octubre de 2014

Otoño Cultural (II) Series

He dejado completamente de lado el género cinematográfico menor, las películas, y estoy inmerso completamente en el universo de las series. Series que siempre he querido ver, series que recién descubro, series que sigo desde hace tiempo...

Y series que tenía pendientes, ya clásicas:
The sopranos: Quizá de las grandes de todos los tiempos la que me faltaba por ver. Estoy a mitad de la segunda temporada. La primera fue recibida con mucho agrado aunque me deslumbró mucho al principio y me gustó el final, los capítulos de en medio me dejaron algo indiferente en ocasiones. Entiendo que es una serie con mucha calidad, con personajes muy interesantes y un guión redondo, pero no me parece tan buena como The Wire y está por ver si me va a gustar más que six feet under, game of thrones o breaking bad. Veremos.No comparto desde luego los que la colocan como la mejor de las series con mucha diferencia.

Y series que he descubierto mirando listas por internet:
Broadchurch: Me enamoré de esta serie británica de una sóla temporada, 8 capítulos, en cuanto vi los primeros minutos. Se trata de un asesinato de un niño en un pueblecito inglés. Está rodada con muchísimo estilo y conjuga muy bien el lado emocional y el suspense. Ambos detectives son grandes actores y tienen mucho magnetismo, especialmente él, que al parecer es el nuevo Doctor Who. Es adictiva y sabe sortear todos los peligros que ello implica. Es una serie que deberías estar tardando ya demasiado en ver.

Sherlock: Otra inglesa. Miniserie, temporadas de 3 capítulos, que en realidad son películas de hora y media. Sólo he visto la primera temporada.  Muy magnético el actor que interpreta al genio de la intuición y el razonamiento. Adapta a las mil maravillas el clásico de Conan Doyle, al Londrés actual. Tiene mucha gracia y aunque no es de las que te mueres por ver del tirón, es la mar de entretenida.

Shameless: Una familia en los suburbios de una gran ciudad. Adaptación americana de una serie británica del mismo nombre, como pasa tantas veces. La madre desaparecida, el padre alcohólico, una ristra de hijos, sensibles, inteligentes, casi geniales, la hermana mayor tira del carro de la familia y en su primera temporada conoce a un joven rico que dice estar enamoradísimo de ella y que está empeñado en "salvarlos". De momento entretenida y curiosa, sin grandes deslumbramientos.

Enlightened: Está Laura Dern y está lo curioso del argumento, una joven ejecutiva que sufre un ataque de nervios en su trabajo se retira dos meses a un centro espiritual tras lo cual retorna con nuevos "aires" a su centro de trabajo. 

Louie: Una especie de Seinfeld del siglo XXI. Breves capítulos de 20 minutos que alternan sketches con monólogos humorísticos pues su protagonista trabaja de ese modo, me quedo con lo segundo que me hacen realmente mucha mucha gracia. Humor negro y ácido, un poco obsesionado con lo sexual, pero aún así muy divertido. Merece mucho la pena. 

Y series a las que sigo siendo fiel:
Orange is the new black: Un placer reencontrarse con Piper y sus desventuras, sólo he visto el primer capítulo pero la cosa pinta realmente bien para la segunda temporada. Me la pienso tragar en lluviosas noches de octubre tapadito en mi sofá con una mantita después de cenar.

Downton Abbey: Sí, soy un fanático de esta serie. Aunque sea un culebroncillo, aunque cada vez pasen menos cosas y algunas se repitan. Me da igual, me hipnotiza ver a esos nobles y a esos criados conviviendo en el universo de una mansión. Me relaja, me gusta su visión cándida del mundo, antes de la malicia y la forzada complejidad, de la provocación y el mal gusto con el que tantos shows parecen complacerse. Es como Dickens. Una alegría falsamente sencilla.

Y sí, lo que está por venir, dudando si darle una oportunidad a Homeland, que tras su desastrosa tercera temporada parece haber venido más enderezada según la crítica, y esta noche comienza Walking Dead la otra decepción del año pasado pero que seguro que caerá también aunque sea por fidelidad nostálgica y Fargo, de la que mi amigo Dani Peña me habla todo el rato bien y algunos proyectos de HBO antiguos, como Roma o Deadwood, y otras que quiero ver en cuanto acabe las que estoy viendo como Black Mirror y Dead Set y The Office y Death Note...

domingo, 5 de octubre de 2014

Otoño cultural (I)

Me estremece el infinito flujo de información que me rodea. Cada vez que explico la comunicación a mis alumnos les hago referencia a ese hecho, la saturación de información disponible gracias a las nuevas tecnologías, el fácil acceso a ella y su infinita cantidad. Se llama internet, pero también democracia, clase media, avance social, sueldo decente y biblioteca pública. Veremos si dura. Aunque a mí esto de la información y la falta de tiempo me estremece. Algo parecido a lo que le pasaba a Pascal con los espacios infinitos. Pero lo dejo, que me pongo estupendo.

Despés de un analfabeto y feliz verano, he vuelto a la cultura. Esa es la información de la que hablaba. De los montones de libros - i must read- de las listas pendientes, de un montón de películas algunas abandonadas a medias, estrenos sugerentes o clásicos que nunca vi, o que ya he olvidado, y las series claro- Quizá el género más atractivo para mí en este momento, series que tengo que ver porque me las recomiendan amigos, o porque su argumento me arrastra, o simplemente su género. Como siempre tengo muy pero que muy poco tiempo, así que haciendo equilibrios, picoteando como el pajarillo fruto de la ansiedad y también de la nostalgia de la nueva estación me voy sumergiendo en la información, me voy enredando en los sueños que otros soñaron, esos sueños que como explico en clase nos parecieran casi condición sinequanon para vivir, para entender algo que el lenguaje no puede concretar.

He leído muy poco en el mes de septiembre, devoré en unos pocos días la última de Murakami "Los años de peregrinación del chico sin color", que me ha sorprendido para bien, partía con pocas expectativas tras el batacazo de After Dark y, sobre todo, la ruina final  de 1Q84 que tras comenzar como sus grandes novelas terminaba siendo una reiteración sensiblera en su parte final al estilo de su famosísima Norwegian Wood. Me gustó la trama, que se desenvolvía con facilidad y también esos poderosos sentimientos de nostalgia que se desenrollan delante del protagonista, es cierto que le falta la profundidad de sus grandes obras y que más que terminada está dejada al igual que After Dark. Si terminé "La conciencia de Zeno" que me ha dejado con la boca abierta, que es una obra asombrosamente cínica, visionaria. Un enfermo imaginario con el que yo, otro enfermo imaginario durante unos cuantos años, he conectado enseguida claro, y la cosa no siempre es digerible porque el tipo es un lerdito de mucho cuidado, como si a cada saltito que diera por la vida pisara un charco y la culpa fuera del charco y no de él que no se fija. Un morrocotudo, ególatra de mucho cuidado, pero también un tipo entrañable, en la misma época de Kafka hablando de la neurosis del ciudadano medio pero de una forma muy distinta a la del checo claro, en cualquier caso Zeno, sufre mucho pero ni siquiera pareciera sospechar cual es el motivo. En función de cinco episodios o perspectivas se nos presenta a un tipo inmaduro, dependiente del tábaco, aquejado de enfermedades pensadas y dificultades con las mujeres, un títere manejado por su propia cabeza, como todos. 
Y aunque no he terminado ningún libro más recientemente, estoy inmerso en la mitad de muchos, he retomado "filosofías de la india" de Zimmer, un manual muy erudito, excelente para profundizar un poco más en religiones como el budismo o el hinduismo pero también en otras más desconocidas como el jainismo, cuya exposición más de corte cientificista que filosófica sobre la composición del mundo me ha dejado con la boca abierta. También Vidas minúsculas, el primer libro de Michon, con casi cuarenta años. Una lectura que me ha provocado amor y odio, algo más de lo segundo, porque detras de un lenguaje muy trabajado y con resonancias muy poéticas, (pareciera como si el francés se hubiera dedicado a exprimir la lengua hasta dejarla seca) no se escondiera más que vacío, o lo que es casi lo mismo, la orgullosa y fanática exhibición de que la vida es una mierda enorme. Y Michon, que es su profeta, ha venido a mostrarnoslo. Entiendo que su fama se debe sobre todo a esa exhibición formal, que ha hecho de su estilo una marca personal, y también entiendo que a veces, tras la barroca palabrería se esconden hermosas y nostálgicas imágenes que parecieran sí mostrarnos algo vívido y real, y no un artefacto mental ideológico por parte del autor. Vamos, que pese al aparente desprecio, no he dejado el libro y lo que es peor, me podría acabar leyendo otro de su autor, en no demasiado tiempo.
También Más allá de la vida y Manual portátil de filosofía. Dos hermosas joyas de Atalanta. El primero un ensayo sobre las ECM (experiencias cercanas a la muerte) por parte de un cardiólogo holandés Pim Van Lommel, me acerco al tema con precaución y curiosidad, sé que cuando me muera me acabaré como individuo y también sé que lo que no es este individuo se acaba con la muerte. Lo que no sé es como transmitir verbalmente esas certezas. El segundo es una revisión más biográfica que expositiva sobre algunos de los filósofos más importantes de la cultura occidental, el recorrido se realiza de modo inverso y de una forma muy personal por parte de Juan Arnau, un ser lleno de inteligencia pero también de sensibilidad. Meridiano de sangre, llevo un cuarto del libro más famoso de McCarthy con "No es país para viejos", de momento violencia, mierda y desolación, pero también unas cualidades narrativas innegables. Demoras poéticas con el paisaje y la luz, que crean un curioso contraste. No sé si lo termino, pero se lee rápido. 
El diamante en tu bolsillo, de Gangaji .Uno más de los libros sobre filosofía advaita que practicamente es la única perspectiva espiritual sobre la que leo algo. Precisamente aquella que más atenta con la posibilidad de llegar a entender la verdad a través del lenguaje. Azúl ruso, un relatario de Patricia Estebán Erles, una habitual en páginas de espuma a la que tenía ganas de echarle un ojo. Sus relatos me parecen entretenidos, correctos, me parece una autora inteligente y sensible, pero leido la mitad del libro ninguno se me ha quedado grabado, les falta magia.

Próxima estación: series.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Meditar

Meditar es una de las cosas más extraordinarias que me han pasado. Quizá junto con enamorarme la más extraordinaria. Comencé a meditar hace once años, y sinceramente no terminaba de entender qué había que conseguir meditando. Bastaba con poner la espalda recta y cerrar los ojos y luego seguir unas instrucciones que eran variables. A veces ni siquiera había instrucciones. Bastaba con sentarse y cerrar los ojos y observar. 
A veces me agobiaba meditando, a veces me aburría, casi siempre me sentía frustrado porque no conseguía nada. Y aunque seguía haciéndolo esporadicamente e incluso estaba apuntado a un curso de meditación semanal, terminé olvidándome de esa práctica. 
El año pasado volví a meditar, un poquito antes de comenzar el trabajo, un cuarto de hora, diez minutos, al principio sentí un gran cambio en mi vida y por eso supongo que seguí meditando a pesar de que esos resultados luego no fueran tan espectaculares. En junio, aquejado de un profundo dolor emocional comencé a meditar todos los días. De media hora a hora y media en diferentes sesiones, dependiendo del tiempo. Este ha sido uno de los mejores veranos de mi vida. Y es indudable que tiene que ver con la meditación, y sin embargo, durante este verano he tenido la sensación de que meditaba sin estar tan pendiente de lo que pudiera conseguir con la meditación o no. Hasta cierto punto claro. Porque eso se pasa por la cabeza con mucha facilidad ¿esto para qué? Con todas las cosas que parece ofrecernos la vida y el poco tiempo que tengo, y más teniendo en cuenta que uno de los presupuestos de la meditación es que no hay nada que conseguir ¿estoy dispuesto a renunciar a mis aficiones, mis costumbres en beneficio de sentarme durante media hora en una silla observando simplemente la respiración o los pensamientos, o las sensaciones en el cuerpo?

Una definición que me parece ajustada de meditación podría ser la escisión entre conciencia y mente. Cuando eso ocurre, no estamos en el lado habitual desde el que vemos el mundo sino desde un lugar nuevo, entonces surge un conocimiento particular, es un conocimiento que no se acumula, que ni siquiera podremos recuperar más tarde desde el recuerdo, y sin embargo es verdadera sabiduría. Al contrario que el conocimiento intelectual que tiene axiomas contrarios que funcionan de forma efectiva en según qué circunstancias, el conocimiento de la meditación es perenne. Y sus certezas no funcionan de forma lógica o empírica sino de modo, aunque la palabra es muy inexacta y no refleja lo que quiero decir, intuitivo. 
Meditar suele relajarnos, suele hacernos menos esclavos de nuestras pasiones y pensamientos irracionales, nos hace más sabios y mejores personas y sin embargo suele conseguir todo eso cuando perdemos nuestro sentido habitual de yo, cuando precisamente no nos importa nuestra imagen como personas, ni comparamos nuestra sapiencia con la del resto y cuando permitimos a nuestras pasiones y pensamientos irracionales que campen a sus anchas por nosotros. Es una contradicción claro, pero es que el mundo de la meditación está lleno de ellas, un lenguaje cifrado y ambiguo para algo tan evidente. Otra contradicción más. 
Además de estas ventajas que experimento cuando menos me importa experimentarlas, hay una cosa que cimenta mi práctica meditativa diaria. Durante mucho tiempo he tenido la sensación de que debía hacer algo útil con mi vida, escribir, o ser un buen profesor, ayudar a la gente, ser un buen hijo y un buen padre y un buen amigo, ser sensible y amoroso, combatir la injusticia. Y durante toda mi vida he tenido la sensación de que no lo conseguía, que no conseguía hacer eso todo lo bien que me gustaría. Qué nunca era suficiente. Que lo hacía mal, que no era buena persona. Meditar ha calmado esa inquietud. Sólo me preocupo de tener al menos media hora al día para meditar, ese es mi único compromiso auténtico, mi aportación al mundo, mi humilde aportación. Estar media hora cada día con la espalda recta, los ojos cerrados, observando.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Inside LLewyn Davis

Cómo me gustán los hermanos Cohen. Creo que no lo había dicho nunca por aquí. Cómo me gustaron Fargo, Muerte entre las flores, Burton Fink, El gran Lebowski (la mejor comedia de los últimos veinte años), como me decepcionaron algunos de sus titulos de los años 2000. Me refiero a todo eso después de el hombre que nunca estuvo allí, (ladykillers, crueldad intolerable, quemar después de leer, incluso también un poco la premiada No es país para viejos). 
Y como me han vuelto a gustar los Cohen otra vez desde entonces; Un tipo serio, True grit y ésta, su última película. Quizá salvo en la adaptación del western no hayan alcanzado sus cotas más altas de los años 90, pero están de nuevo en el buen camino. 
Inside Lleywn Davis, es como en muchos de sus trabajos, la historia de un perdedor, una historia sencilla, llena de momentos extraños, personajes rocambolescos, situaciones que sobreviven a lo inverosimil por los pelos, material onírico que nos parece más "verdadero" que el fingido realismo de otras películas. El secreto de los Cohen. Creo que los Cohen me gustan sobre todo porque aunque nos presentan a personajes perdedores, (maravilloso el diálogo sobre perdedores y personas que dividen a las personas en grupos dentro de la película) son bastante amigables y humanos con ellos. Aquí tenemos a un cantante de folk que trata de hacerse un hueco en el difícil mundo de contratos precarios e inestables, actuaciones en pubs que también son frecuentados a su vez por otros perdedores. Toda la película está envuelta de una profunda melancolía, un viaje de ida a vuelta a ningún sitio, sin principio ni fin. Un mundo donde la fama y el exito que parecieran inalcanzables siguen resultando tentadores porque todo depende de los caprichosos de un azaroso destino. 


Nuestro antihéroe apenas  si parece tener otra opción que sobrevivir. Sigue a un gato por las calles, trata de mantenerse fiel a un código moral que apenas esboza en toda la película y que no parece muy coherente. Se parece bastante a personas que he conocido, a mí mismo, y adoro que los Cohen cuenten su historia y que no le traten como una caricatura ni como a un personaje moral, sino como a uno más, una persona llena de mediocridad y de interés. Esa democracia compasiva que comenzó con el Quijote y que todavía hoy sigue funcionando.

martes, 2 de septiembre de 2014

Otro enfoque del Lazarillo

Amo el Lazarillo. Quizá por eso vuelvo a escribir una entrada sobre esta deliciosa obrita capaz de expandirse y expandirse hasta el infinito. Hoy quiero hablar de la pedagogía del Lazarillo. Es una entrada en la que quiero hacer referencia sobre todo a la transmisión del Lazarillo a nuestros jovenes. Muchas veces, yo lo estudié así y así viene en la mayoría de los manuales; se plantea el Lazarillo desde su importancia como género realista, los rasgos de la picaresca, su desigual estructura, su crítica eclesiástica ligada a su anonimato y poco más, acaso en el bachillerato su importancia ayudando al Quijote a consolidar la novela...
Permitanme compartir mi experiencia: Los rasgos de la novela picaresca no interesan a nadie. ¿quién de estos jovenes va a leer novela picaresca? ¿Qué profesores han leído algo más allá del Lazarillo y en el mejor de los casos el Guzmán de Alfarache o el buscón de Quevedo que según esos rasgos ni siquiera lo es? ¿Por qué tenemos que preferir el enfoque de la crítica al de la propia literatura?. 
La otra salida, para no caer en la especialización filológica pareciera remitirse a la lectura de los pasajes  grotescos, la morcilla, el golpe contra el muro, los robos al clérigo...el folclore vaya. Eso es entretenido pero es un chisme. 


Creo que el Lazarillo presenta rasgos de suficiente conexión con nuestros jovenes como para poder sacar una lectura más positiva, aquí va un esbozo de enseñanzas que podemos ver en el Lazarillo:
- La herida personal, el desamparo y el dolor de un personaje que maltratado por las circunstancias se endurece buscando ascenso social o seguridad. ¿No es eso lo que nos pasa a la mayoría de las personas en el mundo?
- La crueldad innecesaria y abusiva por parte de otros personajes que posiblemente también sean victimas de algo parecido. El ciego se ha endurecido en su condición de personaje marginal.
- El pragmatismo y la insensibilidad que a veces se derivan de dicho proceso: Todo el relato es una justificación de un adulterio consentido. Consentido por la necesidad de tranquilidad de un personaje que se nos hace así humano y cuya confesión nos resulta especialmente patética.
- La compasión. Quizá el más hermoso pasaje del libro, cuando Lázaro se pone en el lugar de otro, el hidalgo, y comparte su poca comida con él. Esa misma compasión es la que sentimos por Lazaro pues si no de una forma tan intensa, nosotros también nos hemos sentido maltratados por circunstancias o personajes adversos.
- El anonimato necesario por hablar de las miserias de un imperio que se presentaba como cristiano y donde sus oficiales (eclesiásticos) habían perdido la conexión con el mensaje original de amor por el prójimo que Lázaro es capaz de llevar a cabo en dicho episodio.
- Y por supuesto, la modernidad, puesto que la literatura antes sólo ocupada en presentar el aspecto trágico y profundo de la existencia en las clases elevadas o ciertos aspectos aparentemente trascendentes, es capaz de hacer lo mismo hablando de un pobre diablo, con mala leche en ocasiones incluso, pero que es capaz de ser, como luego lo será en otra escala Quijote, heróico en algunas de esas decisiones, es decir, reflejo de un lector moderno que ha superado la escisión tajante medieval entre lo bajo y lo alto, social y políticamente, pero también de los géneros literarios canónicos.
De todo esto se les puede hablar a nuestros alumnos, aunque tengan quince años lo van a entender, o no lo entenderán del todo, pero mi experiencia me dice que les sabe a más que los consabidos apuntes con fechas, rasgos de la picaresca y estructura. No les privemos del placer del Lazarillo, presentemosela con el fervor y entusiasmo que merece. Si sólo nos remitimos a los apuntes, lo haremos aburriéndonos y ellos también se aburrirán.

domingo, 31 de agosto de 2014

El malestar al alcance de todos - Mercedes Cebrián.

Llegué a este libro gracias a una recomendación que le leí hace mucho a Eloy Tizón. Aunque por supuesto estos relatos no están a su nivel de calidad, se agradece la propuesta. Aunque el libro de Mercedes esté centrado en las debilidades y miserias de sus personajes, el tono es completamente distinto al de la mayoría de relatos post-carverianos que sufre la cuentística española. Ya saben, llegó Carver y se apagaron las luces, quizá algún día escriba un post, hablando de la pésima influencia que la literatura de ese señor, no exenta de calidad y cierta gracia, ha hecho con nuestra literatura breve. O no. 

Hablemos del malestar. Catorce relatos y casi tantos poemas intercalados. A medida que leía el libro me gustaban más los últimos que los primeros. Los tres primeros relatos me deslumbraron mucho, pero hay que decir que luego el esquema se repite casi infaliblemente: el narrador no fiable. El lector luego comienza avisado de que el punto de vista del narrador, (siempre en primera persona claro, necesario para el propósito) dará un giro para hacernos ver que las cosas no son como nos las había hecho parecer. Creo que la calidad de los relatos es bastante desigual, por el final hay alguno de relleno, poco preparado que no tiene más que cierta chispa o ingenio pero que se llevó mal a la práctica. Pienso por ejemplo en el de los prólogos del libro sobre como reparar familias, o en el final poco redondo de la mujer a la que los pandilleros hacen mobbing, que por lo demás es un relato con muchísima fuerza.


Aunque los personajes son torpes, malos o medio locos, me gusta el papel que adopta con ellos su creadora, se ríe de ellos claro, pero tiernamente, el lector se sentirá como por encima, pero, y ahí está la gracia, se encontrará a sí mismo en algunos de sus tics, en sus bajezas y miserias, sus miedos. Son humanos, terriblemente humanos. Me gustaron especialmente el del novio cojo, el de la madre que rellenaba su fracaso matrimonial a base de catálogo, el del adicto a la cultura... También unos cuantos poemas, desconcertantes, sutiles dentro de la aparente cotidianidad. 

¿Qué quieren que les diga? Me gustó el libro, nada como para volverse loco claro, pero sí como una buena lectura de verano. Una lectura interesante, distinta. Una mujer sentada a mi lado en el metro, me cotilleó una página mientras leía y me pidió la referencia. Me hizo gracia la anécdota, me pareció uno de los personajes de Cebrian. Yo también lo soy.