domingo, 5 de octubre de 2014

Otoño cultural (I)

Me estremece el infinito flujo de información que me rodea. Cada vez que explico la comunicación a mis alumnos les hago referencia a ese hecho, la saturación de información disponible gracias a las nuevas tecnologías, el fácil acceso a ella y su infinita cantidad. Se llama internet, pero también democracia, clase media, avance social, sueldo decente y biblioteca pública. Veremos si dura. Aunque a mí esto de la información y la falta de tiempo me estremece. Algo parecido a lo que le pasaba a Pascal con los espacios infinitos. Pero lo dejo, que me pongo estupendo.

Despés de un analfabeto y feliz verano, he vuelto a la cultura. Esa es la información de la que hablaba. De los montones de libros - i must read- de las listas pendientes, de un montón de películas algunas abandonadas a medias, estrenos sugerentes o clásicos que nunca vi, o que ya he olvidado, y las series claro- Quizá el género más atractivo para mí en este momento, series que tengo que ver porque me las recomiendan amigos, o porque su argumento me arrastra, o simplemente su género. Como siempre tengo muy pero que muy poco tiempo, así que haciendo equilibrios, picoteando como el pajarillo fruto de la ansiedad y también de la nostalgia de la nueva estación me voy sumergiendo en la información, me voy enredando en los sueños que otros soñaron, esos sueños que como explico en clase nos parecieran casi condición sinequanon para vivir, para entender algo que el lenguaje no puede concretar.

He leído muy poco en el mes de septiembre, devoré en unos pocos días la última de Murakami "Los años de peregrinación del chico sin color", que me ha sorprendido para bien, partía con pocas expectativas tras el batacazo de After Dark y, sobre todo, la ruina final  de 1Q84 que tras comenzar como sus grandes novelas terminaba siendo una reiteración sensiblera en su parte final al estilo de su famosísima Norwegian Wood. Me gustó la trama, que se desenvolvía con facilidad y también esos poderosos sentimientos de nostalgia que se desenrollan delante del protagonista, es cierto que le falta la profundidad de sus grandes obras y que más que terminada está dejada al igual que After Dark. Si terminé "La conciencia de Zeno" que me ha dejado con la boca abierta, que es una obra asombrosamente cínica, visionaria. Un enfermo imaginario con el que yo, otro enfermo imaginario durante unos cuantos años, he conectado enseguida claro, y la cosa no siempre es digerible porque el tipo es un lerdito de mucho cuidado, como si a cada saltito que diera por la vida pisara un charco y la culpa fuera del charco y no de él que no se fija. Un morrocotudo, ególatra de mucho cuidado, pero también un tipo entrañable, en la misma época de Kafka hablando de la neurosis del ciudadano medio pero de una forma muy distinta a la del checo claro, en cualquier caso Zeno, sufre mucho pero ni siquiera pareciera sospechar cual es el motivo. En función de cinco episodios o perspectivas se nos presenta a un tipo inmaduro, dependiente del tábaco, aquejado de enfermedades pensadas y dificultades con las mujeres, un títere manejado por su propia cabeza, como todos. 
Y aunque no he terminado ningún libro más recientemente, estoy inmerso en la mitad de muchos, he retomado "filosofías de la india" de Zimmer, un manual muy erudito, excelente para profundizar un poco más en religiones como el budismo o el hinduismo pero también en otras más desconocidas como el jainismo, cuya exposición más de corte cientificista que filosófica sobre la composición del mundo me ha dejado con la boca abierta. También Vidas minúsculas, el primer libro de Michon, con casi cuarenta años. Una lectura que me ha provocado amor y odio, algo más de lo segundo, porque detras de un lenguaje muy trabajado y con resonancias muy poéticas, (pareciera como si el francés se hubiera dedicado a exprimir la lengua hasta dejarla seca) no se escondiera más que vacío, o lo que es casi lo mismo, la orgullosa y fanática exhibición de que la vida es una mierda enorme. Y Michon, que es su profeta, ha venido a mostrarnoslo. Entiendo que su fama se debe sobre todo a esa exhibición formal, que ha hecho de su estilo una marca personal, y también entiendo que a veces, tras la barroca palabrería se esconden hermosas y nostálgicas imágenes que parecieran sí mostrarnos algo vívido y real, y no un artefacto mental ideológico por parte del autor. Vamos, que pese al aparente desprecio, no he dejado el libro y lo que es peor, me podría acabar leyendo otro de su autor, en no demasiado tiempo.
También Más allá de la vida y Manual portátil de filosofía. Dos hermosas joyas de Atalanta. El primero un ensayo sobre las ECM (experiencias cercanas a la muerte) por parte de un cardiólogo holandés Pim Van Lommel, me acerco al tema con precaución y curiosidad, sé que cuando me muera me acabaré como individuo y también sé que lo que no es este individuo se acaba con la muerte. Lo que no sé es como transmitir verbalmente esas certezas. El segundo es una revisión más biográfica que expositiva sobre algunos de los filósofos más importantes de la cultura occidental, el recorrido se realiza de modo inverso y de una forma muy personal por parte de Juan Arnau, un ser lleno de inteligencia pero también de sensibilidad. Meridiano de sangre, llevo un cuarto del libro más famoso de McCarthy con "No es país para viejos", de momento violencia, mierda y desolación, pero también unas cualidades narrativas innegables. Demoras poéticas con el paisaje y la luz, que crean un curioso contraste. No sé si lo termino, pero se lee rápido. 
El diamante en tu bolsillo, de Gangaji .Uno más de los libros sobre filosofía advaita que practicamente es la única perspectiva espiritual sobre la que leo algo. Precisamente aquella que más atenta con la posibilidad de llegar a entender la verdad a través del lenguaje. Azúl ruso, un relatario de Patricia Estebán Erles, una habitual en páginas de espuma a la que tenía ganas de echarle un ojo. Sus relatos me parecen entretenidos, correctos, me parece una autora inteligente y sensible, pero leido la mitad del libro ninguno se me ha quedado grabado, les falta magia.

Próxima estación: series.

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