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viernes, 26 de septiembre de 2014

Meditar

Meditar es una de las cosas más extraordinarias que me han pasado. Quizá junto con enamorarme la más extraordinaria. Comencé a meditar hace once años, y sinceramente no terminaba de entender qué había que conseguir meditando. Bastaba con poner la espalda recta y cerrar los ojos y luego seguir unas instrucciones que eran variables. A veces ni siquiera había instrucciones. Bastaba con sentarse y cerrar los ojos y observar. 
A veces me agobiaba meditando, a veces me aburría, casi siempre me sentía frustrado porque no conseguía nada. Y aunque seguía haciéndolo esporadicamente e incluso estaba apuntado a un curso de meditación semanal, terminé olvidándome de esa práctica. 
El año pasado volví a meditar, un poquito antes de comenzar el trabajo, un cuarto de hora, diez minutos, al principio sentí un gran cambio en mi vida y por eso supongo que seguí meditando a pesar de que esos resultados luego no fueran tan espectaculares. En junio, aquejado de un profundo dolor emocional comencé a meditar todos los días. De media hora a hora y media en diferentes sesiones, dependiendo del tiempo. Este ha sido uno de los mejores veranos de mi vida. Y es indudable que tiene que ver con la meditación, y sin embargo, durante este verano he tenido la sensación de que meditaba sin estar tan pendiente de lo que pudiera conseguir con la meditación o no. Hasta cierto punto claro. Porque eso se pasa por la cabeza con mucha facilidad ¿esto para qué? Con todas las cosas que parece ofrecernos la vida y el poco tiempo que tengo, y más teniendo en cuenta que uno de los presupuestos de la meditación es que no hay nada que conseguir ¿estoy dispuesto a renunciar a mis aficiones, mis costumbres en beneficio de sentarme durante media hora en una silla observando simplemente la respiración o los pensamientos, o las sensaciones en el cuerpo?

Una definición que me parece ajustada de meditación podría ser la escisión entre conciencia y mente. Cuando eso ocurre, no estamos en el lado habitual desde el que vemos el mundo sino desde un lugar nuevo, entonces surge un conocimiento particular, es un conocimiento que no se acumula, que ni siquiera podremos recuperar más tarde desde el recuerdo, y sin embargo es verdadera sabiduría. Al contrario que el conocimiento intelectual que tiene axiomas contrarios que funcionan de forma efectiva en según qué circunstancias, el conocimiento de la meditación es perenne. Y sus certezas no funcionan de forma lógica o empírica sino de modo, aunque la palabra es muy inexacta y no refleja lo que quiero decir, intuitivo. 
Meditar suele relajarnos, suele hacernos menos esclavos de nuestras pasiones y pensamientos irracionales, nos hace más sabios y mejores personas y sin embargo suele conseguir todo eso cuando perdemos nuestro sentido habitual de yo, cuando precisamente no nos importa nuestra imagen como personas, ni comparamos nuestra sapiencia con la del resto y cuando permitimos a nuestras pasiones y pensamientos irracionales que campen a sus anchas por nosotros. Es una contradicción claro, pero es que el mundo de la meditación está lleno de ellas, un lenguaje cifrado y ambiguo para algo tan evidente. Otra contradicción más. 
Además de estas ventajas que experimento cuando menos me importa experimentarlas, hay una cosa que cimenta mi práctica meditativa diaria. Durante mucho tiempo he tenido la sensación de que debía hacer algo útil con mi vida, escribir, o ser un buen profesor, ayudar a la gente, ser un buen hijo y un buen padre y un buen amigo, ser sensible y amoroso, combatir la injusticia. Y durante toda mi vida he tenido la sensación de que no lo conseguía, que no conseguía hacer eso todo lo bien que me gustaría. Qué nunca era suficiente. Que lo hacía mal, que no era buena persona. Meditar ha calmado esa inquietud. Sólo me preocupo de tener al menos media hora al día para meditar, ese es mi único compromiso auténtico, mi aportación al mundo, mi humilde aportación. Estar media hora cada día con la espalda recta, los ojos cerrados, observando.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Mis veinte libros de espiritualidad

Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspenski Maurice nicoll
 
Auténtica enciclopedia sobre cuarto camino que todo aprendiz en el trabajo debería consultar. Mucho más clara que las obras de los maestros que cita su título, Nicoll repasa y repasa todos los conceptos de cuarto camino: la falsa personalidad, los yoes, la identificación, las escalas...aclarando y profundizando en aspectos que no por conocidos son comprendidos en su totalidad y que sólo mediante la práctica de la observación y la relectura de los libros van quedando fijados.

Tú eres él de Andréw Vernon

Una de mis obras sobre vedanta advaita preferidas, una reflexión para cada día del año agrupados por 12 bloques temáticos, la mente, el gurú, el soñador, la devoción o el conocimiento son tratados aquí a partir del trabajo del autor con su gurú Ranjit Maharaj, discípulo de Siddharameshwar junto a Nisargadatta. Es un libro que puede ser una buena introducción a las doctrinas de la no dualidad no siempre sencillas.

El conocimiento de uno mismo de Krishnamurti
Pocos maestros son tan poco condescendientes como Krishnamurti, está dispuesto a torpedear lo que el cuarto camino llama topes, es decir nuestros falsos presupuestos sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Detractor de ideologías, religiones, nacionalismos y otros falsos apoyos, Krishnamurti nos invita a que practiquemos la investigación personal y que desarrollemos el juicio crítico.

Vivir el zen de DT Suzuki
El gran introductor del budismo en los USA, presenta en este libro una magnífica introducción sobre la religión que surgió hace ya 2500 en torno a la figura del príncipe Siddharta Gautama y que no deja de ser una superación y desviación de algunos de los principios del budismo y del yoga. Muy recomendable como manual teórico y también como incitación a la práctica.

Mil nombres para el gozo de Byron Katie
No estaría en ninguna otra lista supongo pero para mí fue un libro muy especial, porque durante su lectura, coincidiendo también con el nacimiento de mi hija estuve poseído por uno de mis mayores momentos de lucidez y alegría con la vida como muy pocas veces antes lo había experimentado. Todo lo que escribe Katie es extraordinariamente lejano para nosotros, y sin embargo su método no puede ser más sencillo ni destilar más verdad. En  esta ocasión realiza un paralelismo entre el Tao Te King y sus experiencias personales.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Práctica y práctica y menos bla bla bla

Llevo casi diez años practicando regularmente diferentes disciplinas espirituales. Por supuesto que ya desde antes era de un modo u otro, testigo del misterio, pero la iglesia en general y mi cole de curas en partícular tuvo la manía de castrar esa curiosidad a base de dogmas, prohibiciones y falta de comprensión. 
He practicado yoga, hatha y kundalini, pero también he leído mucho sobre vedanta en el camino del jnana yoga, también he cantado y recitado mantras (bakthi yoga) y aunque menos, he tratado de llevar el yoga a la acción cotidiana, lo que conoceríamos como Karma yoga. 
He leído todo lo que he podido y practicamente todo lo que hay traducido al castellano sobre cuarto camino, estuve cinco años en el trabajo en diferentes grupos y todavía hoy, aunque individualmente lo hago. He hecho danzas de gurdjieff, en ese mismo sentido. 
También he hecho chamanismo, he practicado el ensueño y el acecho, he leído a Castaneda, a Taisha Abelar y otras encarnaciones del nagual. He tratado, en vano eso sí, de recapitular mi vida dos veces. 
He buscado y sigo buscando diferentes maestros de yoga, pero sólo ahora, desde la práctica cotidiana siento que estoy avanzando, (sí, ya sé que el progreso es metafórico porque ya estamos ahí).
He hecho terapia, he leído libros de gestalt y he tratado de hacer los ejercicios. 
Ahora estoy haciendo meditación budista vipassana y el otro día en la sesión alguién preguntó sobre las diferencias entre mindfulness y vipassana, se comenzó a disertar sobre las variantes del budismo y las diferencias con el hinduísmo. Hoy en día con internet, uno no necesita maestros teóricos, porque tiene toda esa información al alcance de la mano, así que no voy a perder mi tiempo tratando aquí de sintetizarla, hoy sólamente voy a decir dos cosas. 
Estamos tan hiperatrofiados en lo intelectual que seguimos confundiendo saber con conocer o experimentar y lo más importante en cualquier camino espiritual es la experimentación, la importancia del maestro no viene nunca dada por el intelecto sino por lo intuitivo o lo emocional, uno confía y se somete a la guía de ese alguién por fé, amor o intuición pero no porque simplemente diga que eso es lo bueno. (Eso es lo que hacían los curas de mi instituto). Nos cuesta mucho desengancharnos de la belleza de la teoría, yo reconozco que es hermosísimo ver como se disgregan las religiones y como las vías se multiplican porque practicamente cada practicante supondría en sí una vía, pero más importantes que conocerlas o saberlas, es practicarlas. La teoría no es más que una bella forma, un mapa, una guía, pero lo importante es el viaje, el territorio, el contenido y eso sólo ha de experimentarse personalmente, más allá de lo dogmático y lo supuesto.
Tras tantos años de inmersión en el mundo espiritual tengo pocas cosas seguras, pero una de ellas es esa, llega un momento en que uno se siente muy tentado de compartir, hablar y recomendar ciertas corrientes, pero en otro nivel, está la práctica y ese, es el único y verdaderamente útil.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Los veinte mejores libros espirituales, manuales de autoayuda o guías de felicidad

Por supuesto que esta clasificación como todas las que aparecen por aquí normalmente es fruto de mi vivencia personal, es decir, no pretendo llegar a dar una muestra "objetiva" de los mejores libros de autoayuda o espirituales sino de aquellos que a mí me sirvieron, o fueron muy especiales por diferente motivo, por supuesto que a veces la calidad diferirá mucho, no es lo mismo la Baghavad Ghita que el poder del ahora, soy perfectamente consciente de eso. Sólo dos aspectos se han superpuesto al mero ejercicio personal, el tratar de ser un tanto variado (últimamente lo único que leo es Vedanta practicamente y quería dar una muestra variada) y el dar cabida a libros clásicos dentro del género o subgénero que sin ser tan espectaculares como otros, por su calidad, suponogo que seguirán siendo referencia en el futuro. Aquí empezamos con la lista de veinte libros espirituales que creo nadie debería perderse, el orden es aleatorio, aunque quizá los diez primeros sean más especiales. 

 1- Yo soy eso. De Nisagardatta Maharaj. Curiosamente una recomendación de uno de mis mentores literarios, Ángel García Galiano. Para mí más sencillo de lo que resulta Ramana Maharsi, este libro es una auténtica maravilla para cualquiera interesando en el Vedanta advaita. Recopilación de los textos más relevantes del maestro indio. No es una lectura fácil, pero es totalmente sobrecogedora por las cosas que dicepero sobre todo por el rastro de sinceridad que se desprende del tono del libro, es muy difícil asimilar el mensaje advaita pero en palabras de Nisargadatta, por momentos, no lo parece tanto. 


2- El poder del ahora. Echkart Tolle. Es un libro diametralmente opuesto, un best seller de la autoayuda, que dice lo mismo que el anterior, pero en un lenguaje muy sencillo y cercano, algo reduccionista y simplón quizá. Pero fue uno de los libros que,recuerdo,me cargó más de energía mientras lo estuve leyendo. 

3- El camino del artista. Julia Cameron. Es uno de los libros al que tengo más cariño. Una absoluta maravilla a la hora de desbloquearse artísticamente y en general de incentivar nuestro lado más creativo, gracias a él viví una primavera absolutamente genial, llena de momentos muy especiales. Hice fotos, comencé a escribir de forma continuada cuentos y poemas, fabriqué murales. Y descubrí una de las meditaciones más curiosas e interesantes que he practicado; las páginas de la mañana. 

4- Los libros de Castaneda. A medio camino entre lo literario y lo espiritual, la obra de Castaneda, que me resisto a simplificar en un sólo libro (aunque los cuatro primeros sean lo más significativos) me introdujo en el mundo del chamanismo y el camino del guerrero. Nadie debería dejar sin leer, no sólo buscadores sino escritores y lectores: Las enseñanzas de Don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Itxlan...Están llenos de magia, hacen tambalear nuestro concepto de realidad y nos devuelven a la importancia del misterio. 

 5- Psicomagia. Alejandro Jodorowski. Aunque ya conocía al Jodorowski escritor y algo de sus escritos espirituales, esta obra que creo que el tiempo situará en un lugar privilegiado, es una absoluta lección de innovación al aplicar lo creativo o lo mágico como base de la curación. Una auténtica revolución que pone patas abajo la terapia convencional psicoanalítica. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Soy un tonto y lo que he aprendido me ha hecho dos tontos

Siempre me ha atraído esa frase de Socrates, lo de sólo sé que no sé nada. Desde pequeñito me perturbaba mucho esa paradoja de que una persona que sintiera eso fuera sabio realmente y una persona que pensara saber muchas cosas, y seguramente las supiera, no supiera nada. Información y conocimiento, ese es en mi opinión el enclave paradigmático de nuestra época. Cada vez tenemos más información, sabemos cuanto va a llover, cual es la forma más barata de volar a cualquier parte del mundo, podemos tener acceso a la obra de cualquier artista en cualquier campo. Tenemos toda esa información a nuestra alcance y sin embargo, creo que cualquiera con sentido común vería que somos igual de tontos o de listos que antes. La verdadera inteligencia no tiene que ver con los datos, ni con las grandes abstracciones, sin duda que tienen su valor, pero más como compendio enciclopédico o filosófico, el conocimiento empieza allí donde se termina la información, donde la mente se para. Sí, desde que la mente se para, porque seguimos confundiendo racionalismo al modo cartesiano con sabiduría, y eso en nuestros días ha llegado en nuestros días a una perversión absoluta y es un error absolutamente ridículo e infantil. 
De un lado los que hinchan su mente de datos y de otro los que tratan de adormecerla inútilmente.
Pero como siempre una tercera posibilidad, la del camino de la meditación y del no yo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Tapando huecos

Durante mucho tiempo mi forma favorita de llenar huecos era fumando cigarrillos, esperando al autobús o a un amigo, en el trayecto de un sitio a otro donde no debía pasar nada salvo llegar de un punto a otro (por supuesto que también utilizaba el tábaco como canal (fallido claro) para tratar de llegar a la felicidad), el tábaco era la excusa perfecta para enterrar el vacío.
 Hay tantas cosas por hacer, además ya saben ustedes, que lo más estúpido que puede hacer una persona para la cultura occidental es no hacer nada de provecho, el tiempo es oro y hay que aprovecharlo, a quién madruga Dios le ayuda... los hay que no soportan que haya un simple hueco en su vida y se la pasan haciendo cursos, obteniendo títulos, aprendiendo idiomas, viajando, conociendo gente, haciendo el amor con diferentísimas personas en diferentísimas maneras y en diferentísimos sitios, hay que rellenar el tiempo, que la vida se pasa volando, son dos días, hay que hacer cosas todo el tiempo y si no de provecho, al menos morderse las uñas, o criticar a otra persona con alguién que sabemos que nos dará feedback, podemos por supuesto mirar la tele, o mejor aún, el gran devorador de huecos, ese origen que será capaz de llevarnos al mejor de los entretenimientos: internet. Hay tantas páginas que visitar, algunas de forma periódica, y quién sabe cuales por descubrir. ¿Por qué nos da tanto miedo el vacío? Supongo que por una fobia generalizada del aburrimiento, desde pequeñitos decimos "me aburro" a las primeras de cambio, aunque como señala mi queridísimo amigo Jesús, detrás de ese "me aburro", a veces hay tristeza, rabia o miedo. 
Sí, eso es lo que nos da miedo, no vaya a ser que aparezca, esos fantasmas personales, esos irresueltos cabos que podrían visitarnos si no estamos haciendo nada "entretenido", y por eso fumamos, o quitamos los pellejos de las manos, nos masturbamos o miramos por octava vez que no, que no nos han mandado un nuevo what's up. Somos grandes adictos al entretenimiento, y la tecnología y el consumo aliados se han puesto manos a la obra para que no estemos tristes. Y sin embargo lo estamos, no diré más que antes, pero lo seguimos estando al menos igual que siempre, porque el entretenimiento es un placer secundario, bastante menor si lo comparamos con otras felicidades. Yo me sigo entreteniendo como puedo, navegando por mis "favoritos", siguiendo un plan estricto y monótono de entretenimiento programado, viendo mis series, criticando, visitando mi vacío correo electrónico cada dos por tres...claro. Y sin embargo, últimamente me visita una desconcertante certeza, detrás de ese vacío, al otro lado del "aburrimiento", hay una vida más auténtica y verdadera, una vida que no es tan entretenida y en la que sin embargo pasan cosas de verdad, se ama y se sufre sinceramente, no se teme lo que acaso vendrá ni se idolatrá lo que pasó, se vive con alegría.

viernes, 21 de diciembre de 2012

El fin del mundo (tal y como lo conocemos)

¿Se termina el mundo? Me comentan mis alumnos, algo excitados, que hoy podría terminarse el mundo porque lo dice una película, y uno líricamente dice, mirad como se mueven esas nubes. Buscan un signo, algo que les corrobore ese rumor que les tiene algo nerviosos pero al mismo tiempo, con esa valentía tan propia de la infancia, expectantes por lo que podría ser algo espectacular que no hay que perderse.

¿Se acaba hoy el mundo?, o como prefieren decir otros, ¿empieza uno nuevo, acaso mejor? La culpa de todo este lío la tiene el calendario de los mayas que sitúa en el día de hoy el fin de una era. Desde ciertas instancias espirituales se nos recomienda vivir estos días que vienen con especial atención porque son momentos de gran cambio. ¿A alguien le podría importar que el mundo cambiase? Supongo que no, estamos hartos de la crisis, del sufrimiento que nos rodea en nuestro día a día, de ser incapaces de redimirnos de esas cosas que juramos una y otra vez, en vano, ir a cambiar. Para que el mundo cambie se debe dar un requisito (obvio pero muchas veces pasado por alto): debemos cambiar también nosotros. 
¿Por qué no cambiamos? ¿Por qué permitimos que la mentira en la que vivimos instalados siga reinando? ¿Por qué cedemos terreno a lo justo en beneficio de lo cómodo, a lo que debería ser por lo agradable? 

Creo que todos firmaríamos cambiar el mundo tal y como lo conocemos, como decía la canción de REM. Por muy escéptico que se sea con el ser humamno, creo que la gran mayoría estamos de acuerdo con ese cambio. Y no estoy hablando de una revolución política, aunque supongo que una cosa llevaría a la otra. Estoy hablando de una revolución interior. ¿Cómo podemos cambiar? El cuarto camino y Gurdjieff nos dicen que debemos hacerlo a través de la observación de nosotros mismos, que para poder cambiar una máquina (para esta filosofía somos tan mecánicos que debemos ser llamados así) debemos entender como funciona. En realidad es lo que habían dicho los griegos algunos cientos de años antes. Conócete a ti mismo, rezaba el oráculo de Delfos. Existen muchas formas de autoconocimiento, la más reciente es la psicoterapia pero desde hace miles de años, diferentes culturas han meditado o han vuelto sus ojos hacia el interior en busca de aquellas partes oscuras, mecánicas, que impedían el cambio. Si nos conocemos, sabremos como funcionamos, entenderemos porque tantas y tantas veces nos hemos prometido cambiar y no lo hemos hecho. Veremos que no somos uno sólo sino muchos, y que estos personajes que nos pueblan no se llevan necesariamente bien sino que viven en conflicto, veremos que nuestro mundo interior es un caos y que eso se refleja en nuestra vida exterior, porque lo que es fuera es dentro, pero también y sobre todo, lo que es dentro es fuera. Entonces quizá podamos cambiar y si cambiamos el mundo cambiará, y no deberemos temer que el mundo se acabe porque estaremos contentos de que uno nuevo comience. 

Pero realmente, ¿está en nuestra voluntad cambiar? quiero decir, cambiar es algo tan, tan difícil que pareciera imposible, ¿acaso depende de nosotros (de mí escritor y de ti lector)?. No lo creo, salvo unas pocos excepciones, el ser humano no tiene la suficiente energía para una tarea tan ardúa y complicada, quizá estos días de cambio sean un momento adecuado para intentarlo al menos, quizá estos días sean, por una razón que no entendemos (conjunciones astrales, movimientos energéticos...) los más propicios para intentar salirnos un poco de eso que Cortazar llamaba el ladrillo, los budistas llaman el karma y Ortega el yo y sus circunstancias. Hay demasiados quizá en esta entrada, demasiadas preguntas no retóricas, hay algo de falta de fé, pero también hay experiencia sincera,  por intervalos muy breves he conseguido que mi mundo, el mundo, desapareciera y apareciera uno nuevo y cuando eso ha ocurrido, he comprendido que aquella vida era un cuento contado por un idiota, y ese idiota es un polifacético personaje que podríamos llamar herencia (genética y ambiental) y cultura. Un mundo que hay que estar dispuesto a perder para ser libre.

lunes, 29 de octubre de 2012

La falsa y la verdadera espiritualidad

Cuando comencé a hacer yoga hace casi diez años atrás, y poco después comencé a adentrarme en la meditación, chamanismo y el cuarto camino, tenía claro que había descubierto algo verdadero. Veía con diáfana claridad que la iglesia, en mi caso la católica, con sus dogmas, prohibiciones y pecados habían hecho de mí un ser culpable, resentido contra cualquier imagen de Dios o trascendencia que no se alambicase en el amor o el arte.
Durante unos años descubrí una realidad a la que podía añadirle una nueva dimensión, o quizá incluso se trataba de una realidad distinta a la de mi interpretación líneal e inconscientemente heredada.
He leído a Osho, Krishnamurti, libros de creatividad, pseudociencia, Echkart tolle, medicina natural, pnl, gestalt taoísmo y budismo y tenía la sensación de que todos hablaban de lo mismo pero algunos me servían más y otros menos, según conectase con esas creencias. Pronto algunas empezaron a repelerme por su tufillo new age, facilón; mejore su salud, su dinero y su amor con simples oracione. Sea feliz en dos semanas, la iluminación está a la vuelta de la esquina vaya, rebajas de felicidad, diga no al ego y santas pascuas. 
Así que al final la cosa se convirtió en un nuevo maniqueismo, no al ego, sí a la espiritualidad. Eso hasta que descubrí el vedanta advaita, me costó mucho con Ramana Maharsi al que nunca consigo entender, pero me adentré con Dejardins, Balsekar y sobre todo  Nisargadatta Maharaj y últimamente Gangaji y Andrew Vernon. Entonces comencé a descubrir que todo era en realidad más sencillo, mucho más sencillo de lo que pensaba y al mismo tiempo más difícil, más sutil, por emplear una palabra abusivamente usada en espiritualidad. El propio ego, o la mente, que todo lo termina sistematizando en sus rígidos esquemas hace con la espiritualidad, lo mismo que con el amor o la felicidad, lo desmenuza, lo analiza y trata de llegar a con un esquema de causa efecto. 
Ese es el punto en el que estoy ahora, pero tengo claro que tampoco es el definitivo, es simplemente un eslabón más, ¿hacia dónde? la mente se muere de ganas por saberlo y trata de apresarlo en una definición, juzga el proceso, pero nada de eso sirve y rebelarse contra ello o tratar de evitarlo tampoco.

miércoles, 13 de junio de 2012

Algunas cosas de Junio (primera quincena)

A veces tengo la sensación de que nada pasa, de que los días se repiten, cuido de mis niños, voy al trabajo, saco algo de tiempo para leer o para ver una película, pienso las mismas cosas, siento una alegría infinita y a veces también desesperación. Pienso que debo hacer algo más para evolucionar, para estar más despierto, pero luego recuerdo que no está en "mi" mano, hacer nada. Y sin embargo la lucidez tiene algo de movimiento a contracorriente, quizá por eso suponemos que requiere un esfuerzo.
Todos los días a las cuatro cuando voy camino del trabajo esucho a Toni Garrido hacer su personal crónica de estos días tan nefastos en lo económico. ¿Están los ciudadanos por encima de sus políticos? Creo que estamos hechos de una pasta parecida pero duele imaginar que podemos ser tan ruines como ellos. Tras estar pendientes durante muchos días de la prima de riesgo, se rescató a España, aunque no se la rescató del todo, se vendió el rescate como todo un éxito ¿para quién? Los recortes sanitarios y educativos, la falta de consumo y por tanto el consecuente paro, son sólo como consecuencia de pagar una deuda con unos intereses insostenibles, al haber sido rescatados, tendremos peores condiciones, y los políticos lo venden como que encima debemos dar palmadas de agradecimiento. No soy comunista ni anarquista, pero tampoco soy gilipollas, no pienso rezarle a los mercados para que vengan a salvar a sus ciudadanos, el capitalismo nunca ha escondido sus miserias, quizá eso es  lo único por lo que tenemos que estarle agradecidos; su objetivo es que el capital se mueva y que las empresas estén por encima de las personas. El que no se haya querido enterar todavía a estas alturas de la película anda bastante despistado, o simplemente le viene bien que el sistema sea como es.

En Junio se casó uno de mis mejores amigos, hicimos una despedida y nos invitó a una hermosa y atípica boda, atardecía por la sierra de Gredos y me di un baño en una piscina mientras me bebía una cocacola ¿por qué era tan feliz? ¿por tener unos amigos tan maravillosos? ¿por tener una pareja encantadora? Por si fuera poco la vida ponía a mi cuidado dos criaturas increíbles para que las ayudara a criarse y formarse. A veces tengo la sensación de que la vida se ceba conmigo, como si la realidad conspirase infinitamente por hacerme sentir feliz. ¿O es el escitalopram?


Vi dos comedias muy tontas que se estrenan esta semana, Project X y The Big Year. No sé porqué llegué a pensar que la primera tendría algo de gracia, quizá porque tenía un crítica bastante buena, o porque el concepto de una fiesta brutal que se sale de madre tiene su atractivo, pero para lo únio que ha servido dicha película es para convencerme de que no comparto sentido del humor con mucha gente, aparte de un rosario de tetas, la película no es más que un lastre de bromas arquetípicas sobre marihuana, follar y puñetazos en los huevos. Con todo la película se soporta hasta su media hora final en que se vuelve demasiado excesiva y nos mete con calzador una moralina sentimentaloide del tipo: mejor amiga que pendón, por bueno que esté el pendón, lo curioso es que la amiga está mucho más buena que el pendón.

The big year es el relato de la competencia de tres personajes muy distintos por lograr el record anual de avistamiento de aves en Norteamérica. Si los ingleses las mataban, los americanos sólo quieren verlas, eso sí, a su estilo, casi sin disfrutarlas, simplemente apuntando una cifra. Es la cultura del guinnes y de ser "el que más", cultura que será criticada en el film con algo de moralina. A pesar de todo es lo suficientemente entretenida como para no marcharse y tiene algo de homenaje a esas criaturas aladas que hermosamente nos acompañan.

Fue el mes en que Nadal volvió a derrotar a Djokovic en un Gran Slam tras aquel título en Open Usa que cerraba un círculo (y que impedía a Nole cerrar el suyo), el mes en que comenzó la Eurocopa y a las primeras de cambio todo el mundo se hizo seleccionador, (como si alguna vez hubiera entrenado a un equipo o supiera lo que es un banquillo) porque en España somos así, sabemos de todo.

Fue el mes en que leí El jardín colgante, un libro que ganó el biblioteca breve de Seix Barral y que nos presenta una alternativa a la realidad de la transicción, entre organizaciones terroristas y del Cesid, cuya ética se confunde. Una novela de Javier Calvo, uno de los exponentes de la generación Nocilla y que si bien se esfuerza por contaminar géneros y símbolos, el resultado final tras un comienzo con cierto interés es un batiburrillo pegajoso, falto de vida e imágenes, un simple juego de letra muerta.
No se trata sólo de construir una trama curiosa u orginal, no se trata de insertar escenas de sexó, violencia y drogas como reclamo, ni siquiera basta con presentar una historia equilibrada, con un buen ritmo. Si no tenemos personajes atrayentes, con que nos podamos identificar, si no tenemos una historia llena de vida, al final lo que leemos se convierte en eso: letra muerta.




Fue el mes en que tuve que luchar contra el Win32/Olmarik y finalmente conseguí tras un par de días de análisis, descargas y búsqueda de consejos, acabar con él. (gracias al Hitman Pro)

domingo, 15 de abril de 2012

Byron Katie- El trabajo

Por una de esas casualidades (porque la frase "amar lo que es" me sonaba a algo que tenía pendiente) me topé con la obra de Byron Katie. La verdad es que comencé a acercarme a ella con bastante recelo porque se me disparaban una serie de prejuicios considerables:

- Su aspecto físico; En lugar de un tipo con rasgos hindúes o tibetanos: bajito y delgado,mirada profunda y medio en pelotas me encontraba de una mujer de rasgos yanquis, pintarrajeada en exceso, con pendientes, collares y anillos, una especie de hechicera new age de la serie B.
- Que su línea de investigación: The work, llevara el mismo nombre que el empleado por el cuarto camino y los discípulos de Gurdjieff.
- Que su libro fuera un best seller con la leyenda: Cuatro preguntas que pueden cambiar su vida.
Y sin embargo...


Creo que "el trabajo" de Katie puede aportar bastante luz en nuestras confusas y complicadas vidas. Al igual que me ocurrió con otro best seller de auto ayuda, "el poder del ahora", los días durante los que leí su obra y posteriores sentí un chute de energía de considerable importancia. Luego Eckhart Tolle me decepciono profundamente cuando comprobé que era capaz de vender cualquier variante de su "sabiduría" en su página web pero esa es otra historia.
Estuvo varios años muy deprimida y con pensamintos paranoicos, se negaba incluso a salir de su cuarto. Hoy, se supone que Byron KAtie está iluminada, que vive en el presente, puede ser que así sea, no lo descarto. Sus libros son muy sencillos, las cuatro preguntas en realidad son tres (una es repetida), y su trabajo está muy bien aunque corre el riesgo como otros de convertirse en algo mental y repetido. Sus palabras y su vocabulario sencillo se corresponden con la complicada terminología del vedanta advaita. 
Esta mañana al despertar "cuestioné mis pensamientos" como recomienda Katie, o por mejor decir, eso ocurrió sin que yo hiciera nada, de nuevo sentí el gusto de la paz, la libertad y el amor que resultan tan familiares y siempre tan distintos. Desde aquí quería dar las gracias por ello.